
¿Molestarme a mí que sea recordado como un pintor costumbrista? Todo lo contrario, la vida sería extraordinariamente buena conmigo si dentro de dos, tres siglos... alguien me recordara.
Mezcla de picardía y jolgorio, su obra sorprende -en primera instancia- por el tratamiento desenfadado de la realidad cubana actual. Pero más allá de la ingeniosa humorada, este pintor excepcional da rienda suelta en sus cuadros a una profunda vocación poética, translúcida de ternura y candor.
Cuando Pedro Pablo Oliva regresa de Pinar del Río, en esta casona de la Habana Vieja se alborozan hasta los gatos. Trae en cada bolsillo un tomeguín, y un tropel de lagartijas sigue sus pasos.
- Ya está aquí el Maestro -avisan los pavorreales, posados como vigías en los aleros.
- Ya está aquí el Maestro -repiten las cotorras, las golondrinas y los gorriones que anidan en los techos.
Es bueno tener en Oficios 6 un vecino como Pedro Pablo; subir hasta su estudio-morada sin anunciar visita, por la rechinante espiral de peldaños.
Toco el timbre de campanilla,... ver todo