
En el panorama actual de la pintura cubana Pedro Pablo Oliva es, por más de una razón, un caso excepcional. Perteneciente a la llamada “Generación de los 70”, Oliva es el único de los autores consagrados que ha conservado incólume su “residencia en la tierra”, sigue viviendo en la provincia de Pinar del Río, apegado a un ritmo de vida y de trabajo que sería impensable en la capital.
Hombre llano, jovial y comunicativo, Pedro Pablo es también el único de su generación que ante las aperturas morfológicas y conceptuales de los '80 ha ido evolucionando, con mucha coherencia hacia un arte cargado de sensibilidad antropológica y enmarcado en una orientación intelectual crítica, de profundas raíces éticas. Pero lo que más lo singulariza dentro de esta orientación es que la crítica social que propone desde el arte así como su visión irónica de sucesos cotidianos magnificados bajo el rótulo de “maravillas del mundo” –los refugios, las colas, los navegantes…- están articuladas en un lenguaje visual que no apela a las expliciteces del “textualismo” ni al dramatismo chocante del “bad painting”,... ver todo