
Es cierto porque es imposible
Tertuliano
Pedro Pablo Oliva irrumpe en la plástica cubana en la década del setenta. Eran tiempos difíciles donde el llamado "Caso Padilla" atizó las diferencias que imperaban en la intelectualidad insular con relación al dogma socialista de asumir al artista como otro imprescindible "combustible social". Afortunadamente, nadie le pidió los ojos ni las manos al joven egresado de la Escuela Nacional de Arte de Cubanacán en la que se formaron creadores vitales en la actualidad como Tomás Sánchez, Roberto
Fabelo, Flavio Garciandía y Eduardo Ponjuán. Suerte que tampoco lo deslumbró el arribismo de replegarse a las normas éticas inmediatas. Desde los inicios y hasta el presente, Oliva se ha empeñado en demostrar que "ser local es la mejor manera de ser universal".
Respirar en medio de aquella época donde los extremos se tocaron peligrosamente, consiguió despertar en Oliva una necesidad de perseguir el equilibrio. Muchos seguidores de su obra valoran dicha búsqueda como el factor esencial de su devenir artístico. Así intentó conciliar... ver todo