Oliva, mágico y rebelde

Pedro Juan Gutiérrez / Revista Habanera, Año 4 # 10

1998-01-28
     

Conozco a Pedro Pablo Oliva hace más de veinte años. Ya pintaba maravillosamente, dueño y señor de un universo onírico, poético, lleno de color, pero al mismo tiempo con los pies bien asentados sobre la tierra de la humilde calle de barrio, donde vive todavía, en la ciudad de Pinar del Río, 160 kilómetros al oeste de La Habana. Tiene además un hermoso estudio en los altos de un patio colonial de La Habana Vieja.
Ahora tiene 48 años, unas libras de más, y sigue con su buen humor juvenil, salpicado de ironía, que a veces llega al cinismo, capacidad de análisis, un poco ya de regreso, y sobre todo, sigue con esa gracia mágica para pintar.
Una mañana luminosa fui a su estudio, conecté el grabador, una taza de café y un buen tabaco por medio, platicamos de todo un poco. Así, sin más pretensiones.
- Recoger el estado espiritual de mi época. Algo casi imposible, porque eso para mí implica sentir, vivir y pensar como casi todo el mundo. Resumir todo en una sola cosa es una epopeya demasiado fuerte y casi imposible, pero a eso aspiro.
- ¿Siempre haz partido de una idea... ver todo






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